La máquina de enseñar ¿Cómo era la manera de enseñar en los años 50?

Era más fácil de aprender con tan solo una caja!

Así era la manera de aprender gracias al profesor skinner con su invento sobre la máquina de enseñar a partir de que Skinner era una persona creativa, imaginativa, y gustaba de inventar y diseñar artefactos desde su más tierna infancia. De pequeño ideaba juguetes (por ejemplo modelos de aviones que eran lanzados con gomas de plástico, etc.); cuando nació su segunda hija diseñó lo que llamó una “cuna de aire”, un habitáculo con un cristal frontal transparente, que permitía que Deborah pudiera jugar en un lugar seguro, libre de aire contaminado o de cambios de temperatura.

Cuando enfermó de leucemia ideó una placa o escudo de plomo para proteger su lengua durante los meses que estuvo con radioterapia, y frenar la afectación de las papilas gustativas.

Al final de su vida combatió el conjunto de problemas oculares que le podían ocasionar la ceguera ideando unas gafas especiales iluminadas e hizo lo mismo con su creciente sordera diseñando unas solapas de plástico que colocaba sobre sus orejas. En el ámbito profesional su invento más conocido es la caja de Skinner, diseñada para poder observar y medir las conductas y los reforzadores expresados en una situación experimental, y colaboró con el gobierno de los EE.UU. “Project Pigeon” para la mejora de los sistemas de guía de misiles.

Una vez centrado su interés en las limitaciones y posibilidades de la educación escolar, entre 1956 y 1963 Skinner comienza el diseño de una máquina para enseñar para asegurar que el refuerzo fuera inmediato, combinando la enseñanza programada con la atención personalizada e individualizada.

Básicamente consistía  en una caja sobre la que el alumno situaba la hoja de los conceptos para aprender, y sobre ella otra lámina ocultaba parte del texto. El alumno iba leyendo el texto, y aparecía una pregunta que debía contestar por escrito.

Eligiendo entre varias alternativas o rellenando una palabra. Una vez contestado perforando el espacio correcto, el propio alumno rodaba la lámina y descubría la respuesta correcta. Si era así, la maquina continuaba al siguiente concepto y anotaba un punto como reforzador; si la respuesta no era correcta no dejaba avanzar, ya que el texto debía leerse y contestarse de nuevo.

La teoría de los refuerzos es una conducta aprendida, ya que para que exista el aprendizaje según esta teoría, se debe reforzar la conducta ya sea por un estímulo positivo o también un estímulo negativo.

Así se logra aumentar la probabilidad que se repita un comportamiento de aprendizaje en su entorno.

¡Nadie negará que al educador le compete una función más importante que la de decir “bien” o “mal”! pues bien, los cambios que aquí se proponen dejarían al maestro libre para ejercer esa función de mayor importancia… Hay algo más importante por hacer, algo en que las relaciones entre maestros y discípulo no puede imitarlas un aparato mecánico. La ayuda de instrumentos sólo aumentaría esas relaciones…”

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